En un boh­o [Cuento - Texto completo.] Juan Bosch

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En un boho

En un boho

(Cuentos escritos en el exilio, 1962)

Juan Bosch

Juan Bosch(Repblica Dominicana, 1909-2001)

Juan Emilio Bosch Gavio(La Vega,30 de juniode1909Santo Domingo,1 de noviembrede2001) fue uncuentista,ensayista,novelista,narrador,historiador,educadorypolticodominicano.

Hijo de lapuertorriqueade ascendenciaespaolangela Gavio Costales, (cuyo padre eragallego, nacido enLa Guardia) y de Jos Bosch Subirats,espaolde origencataln, nacido enTortosa.

Bosch fue electopresidentede la Repblica Dominicana en 1962, cargo que asumi por un breve periodo en 1963.

El 19 de junio de 1934, Bosch se cas con Isabel Garca Aguiar, con quien procre dos hijos, Len y Carolina.

Muri el 1 de noviembre de 2001, enSanto Domingo.

No obstante, al da de hoy, se le recuerda como un poltico honesto y est considerado como uno de los escritores ms preclaros de Latinoamrica, en especial en el gnero delcuento.

En un boho

La mujer nose atreva a pensar. Cuando crea or pisadas de bestias se lanzaba a la puerta, con los ojos ansiosos; despus volva al cuarto y se quedaba all un rato largo, sumida en una especie de letargo.

El boho era una miseria. Ya estaba negro de tan viejo, y adentro se viva entre tierra y holln. Se volvera inhabitable desde que empezaran las lluvias; ella lo saba, y saba tambin que no poda dejarlo, porque fuera de esa choza no tena una yagua donde ampararse.

Otra vez rumor de voces. Corri a la puerta, temerosa de que nadie pasara. Esper un rato; esper ms, un poco ms: nada! Slo el camino amarillo y pedregoso. Era el viento, ah enfrente; el condenado viento de la loma, que haca gemir los pinos de la subida y los pomares de abajo; o tal vez el ro, que corra en el fondo del precipicio, detrs del boho.

Uno de los enfermitos llam, y ella entr a verlo, deshecha, con ganas de llorar, pero sin lgrimas para hacerlo.

Mama, no era taita? No era taita, mama?Ella no se atreva a contestar. Tocaba la frente del nio y la senta arder.

No era taita, mama?

No neg. Tu taita viene despus.

El nio cerr los ojos y se puso de lado. An en la oscuridad del aposento se le vea la piel lvida.

Yo lo vide, mama. Taba ah y me trujo un pantaln nuevo...

La mujer no poda seguir oyendo. Iba a derrumbarse, como los troncos viejos que se pudren por dentro y caen un da, de golpe. Era el delirio de la fiebre lo que haca hablar as a su hijo, y ella no tena con qu comprarle una medicina.

El nio pareci dormitar y la madre se levant para ver al otro. Lo hall tranquilo. Era huesos nada ms y silbaba al respirar, pero no se mova ni se quejaba; slo la miraba con sus grandes ojos serenos. Desde que naci haba sido callado.

El cuartucho heda a tela podrida. La madre flaca, con las sienes hundidas, un pao sucio en la cabeza y un viejo traje de listado no poda apreciar ese olor, porque se hallaba acostumbrada, pero algo le deca que sus hijos no podran curarse en tal lugar. Pensaba que cuando su marido volviera, si era que algn da sala de la crcel, hallara slo cruces sembradas frente a los horcones del boho, y de ste, ni tablas ni techo. Sin comprender por qu, se pona en el lugar de Teo, y sufra.

Le dola imaginar que Teo llegara y nadie saliera a recibirlo. Cuando l estuvo en el boho por ltima vez justamente dos das antes de entregarse todava el pequeo conuco se vea limpio, y el maz, los frijoles y el tabaco se agitaban a la brisa de la loma. Pero Teo se entreg, porque le dijeron que poda probar la propia defensa y que no durara en la crcel; ella no pudo seguir trabajando porque enferm, y los muchachos la hembrita y los dos nios, tan pequeos, no pudieron mantener limpio el conuco ni ira monte para tumbar los palos que se necesitaban para arreglar los lienzos de palizada que se pudran. Despus lleg el temporal, aquel condenado temporal, y el agua estuvo cayendo, cayendo, cayendo da y noche, sin sosiego alguno, una semana, dos, tres, hasta que los torrentes dejaron slo piedras y barro en el camino y se llevaron pedazos enteros de la palizada y llenaron el conuco de guijarros y el piso de tierra del boho cri lamas y las yaguas empezaron a pudrirse.

Pero mejor era no recordar esas cosas. Ahora esperaba. Haba mandado a la hembrita a Naranjal, all abajo, a una hora de camino; la haba mandado con media docena de huevos que pudo recoger en nidales del monte para que los cambiara por arroz y sal. La nia haba salido temprano y no volva. Y la madre ojeba el camino, llena de ansiedad.

Sinti pisadas. Esta vez no se engaaba: alguien, montando caballo, se acercaba. Sali al alero del boho con los msculos del cuello tensos y los ojos duros. Senta que le faltaba el aire. Mir hacia la subida. Senta que le faltaba el aire, lo que le abligaba a distender las ventanas de la nariz. De pronto vi un sombrero de cana que ascenda y coligi que un hombre suba la loma. Su primer impulso fue el de entrar; pero algo la sostuvo all, como clavada Debajo del sombrero apareci un rostro difuso, despus los hombros, el pecho y finalmente el caballo. La mujer vi al hombre acercarse y todava no pensaba en nada. Cuando el hombre estuvo a pocos pasos, ella le mir los ojos y sinti, ms que comprendi, que aquel desconocido estaba deseando algo.

Haba una serie de imgenes vagas pero amargas en la cabeza de la mujer: su hija, los huevos, los nios enfermos, Teo. Todo eso se borr de golpe a la voz del hombre.

Saludo haba dicho l.Sin saber cmo lo haca, ella extendi la mano y suplic:Dme algo, alguito.

El hombre la midi con los ojos, sin bajar del caballo. Era una mujer flaca y sucia, que tena mirada de loca, que sin duda estaba sola y que sin duda, tambin deseaba a un hombre.

Dme alguito insista ella.

Y de sbito en esa cabeza atormentada penetr la idea de que ese hombre volva de La Vega, y si haba ido a vender algo, tendra dinero. Tal vez llevaba comida, medicinas. Adems comprendi que era un hombre y que la vea como a mujer.

Bjese dijo ella, muerta de vergenza.El hombre se tir del caballo.Yo no ms tengo medio peso aventur l.Serena ya, duea de s, ella dijo:Ta bien; dentre.

El hombre perdi su recelo y pareci sentir una sbita alegra. Agarr la jquima del caballo y se puso a amarrarla al pie del boho. La mujer entr, y de pronto, ya vencido el peor momento, sinti que se mora, que no poda andar, que Teo llegaba, que los nios no estaban enfermos. Ten la ganas de llorar y de estar muerta.

El hombre entr preguntando:Aqu?

Ella cerr los ojos e indic que hiciera silencio. Con una angustia que no le caba en el alma, se acerc a la puerta del aposento; asom la cabeza y vi a los nios dormitar. Entonces di la cara al extrao y advirti que heda a sudor de caballo. El hombre vi que los ojos de la mujer brillaban duramente, como los de los muertos.

Unj, aqu afirm ella.

El hombre se le acerc, respirando sonoramente, y justamente en ese momento ella sinti sollozos afuera. Se volvi. Su mirada deba cortar como una navaja. Sali a toda prisa, hecha un haz de nervios. La nia estaba all, arrimada al alero, llorando, con los ojos hinchados. Era pequea, quemada, huesos y pellejos nada ms.

Qu te pas, Minina? pregunt la madre.

La nia sollozaba y no quera hablar. La madre perdi la paciencia.

Diga pronto!

En el ro dijo la pequea; pasando el ro... Se moj el papel y na m qued esto.

En el puito tena todo el arroz que haba logrado salvar. Segua llorando, con la cabeza metida en el pecho, recostada contra las tablas del boho.

La madre sinti que ya no poda ms. Entr, y sus ojos no acertaban a fijarse en nada. Haba olvidado por completo al hombre, y cuando lo vi tuvo que hacer un esfuerzo para darse cuenta de la situacin.

Vino la muchacha, mi muchacha... Vyase dijo.

Se senta muy cansada y se arrim a la puerta.

Con los ojos turbios vi al hombre pasarle por el lado, desamarrar la jquima y subir el caballo; despus lo sigui mientras l se alejaba. Arda el sol sobre el caminante y enfrente muga la brisa. Ella pensaba: Medio peso, medio peso perdo.

Mama llam el nio adentro. No era taita? No tuvo aqu taita?

Pasndole la mano por la frente, que arda como hierro al sol, ella se qued respondiendo:

No, jijo. Tu taita viene dispus, ms tarde.

Fuenteshttps://www.youtube.com/watch?v=IfrFmEhGJCw

http://www.literatura.us/juanbosch/bohio.html

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