KRONSTADT 1921 - Avrich. Kronstadt 1921.pdf 3 Emanuel Pollack, The Kronstadt Rebellion, Nueva York,

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  • KRONSTADT 1921

  • PAUL AVRICH

    KRONSTADT 1921

  • © Anarres Corrientes 4790 Buenos Aires / Argentina Tel: 4857-1248

    ISBN: 987-20875-3-9

    La reproducción de este libro, a través de medios ópti- cos, electrónicos, químicos, fotográficos o de fotoco- pias son permitidos y alentados por los editores.

    Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723

    Impreso en Argentina / Printed in Argentina

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    RECONOCIMIENTOS

    Me complazco en expresar mi gratitud a los muchos colegas y amigos que me ayudaron en la preparación de este volumen. Debo un especial agradecimiento a tres maestros y estudiosos sobresalientes, los profesores Geroid T. Robinson, Henry L. Roberts y Michael T. Florinsky, que me guiaron en el estudio de la historia rusa en la Universidad de Columbia. También estoy en deuda con Max Nomad y con el profesor Loren Graham, que leyeron todo el manuscrito y me hicieron valiosos comen- tarios y críticas. Marina Tinkoff, Xenia J. Eudin, Anna M. Bourguina, N. Zhigulev, Peter Sedgwick, Edward Weber, Alexis Struve y Eino Nivanka tuvieron la amabilidad de responder a mis preguntas y de formularme una cantidad de útiles sugeren- cias. Agradezco al profesor Philip E. Mosely por permitirme el acceso al Archivo de Historia y Cultura de Rusia y de Europa Oriental de la Universidad de Columbia, y a su conservador, L. F. Magerovsky, por la ayuda que me prestó en la localización de los documentos pertinentes. Expreso también mi reconoci- miento a los funcionarios de las bibliotecas de Columbia y Harvard y de la Hoover Library, a la Biblioteca Pública de Nueva York, a la de la Universidad de Helsinki, a la del Congreso de Washington y a los Archivos Nacionales, por la gentil ayuda que me prestaron en mi búsqueda de materiales. Aunque he tomado elementos de muchas fuentes, tengo una deuda de gra- titud especial con los estudios precursores de Ida Mett y George Katkov, que están incluidos en la bibliografía. Es innecesario decir, sin embargo, que me cabe enteramente la responsabili- dad de este volumen.

    Agradezco al Instituto Ruso de la Universidad de Columbia, con el cual he estado vinculado como investigador, y particu- larmente a su director, profesor Marshall Shulman, por la cáli- da hospitalidad y el aliento que me brindó. Deseo agradecer también a la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, a la American Philosophical Society, al American Council of

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    Learned Societies y al Social Science Research Council, por el apoyo que me brindaron en mi investigación sobre el anarquis- mo ruso y las revueltas de masas, trabajo del cual derivó el presente estudio.

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    INTRODUCCIÓN

    “Éste fue el relámpago –dijo Lenin refiriéndose a la rebelión de Kronstadt– que iluminó la realidad mejor que cualquier otra cosa.”1 En marzo de 1921 los marineros de la fortaleza naval del golfo de Finlandia, el “orgullo y gloria” de la Revolución Rusa, se levantaron en una revuelta contra el gobierno bolche- vique, al cual ellos mismos habían ayudado a llegar al poder. Bajo la divisa de “soviets libres” establecieron una comuna re- volucionaria que sobrevivió durante 16 días, hasta que se envió un ejército a través de la superficie helada, con el fin de aplas- tarla. Después de una lucha larga y encarnizada, con grandes pérdidas por ambos bandos, los rebeldes fueron sometidos.

    El levantamiento provocó de inmediato una apasionada con- troversia que nunca se apaciguó. ¿Por qué se sublevaron los marineros? Según los bolcheviques, eran agentes de una cons- piración de la Guardia Blanca tramada en el oeste de Europa por emigrados rusos y los Aliados que los apoyaban. Sin em- bargo, para sus simpatizantes esos marineros fueron mártires revolucionarios que lucharon por restaurar la idea del soviet contra la dictadura bolchevique. La represión de esta revuelta constituyó, según ese punto de vista, un acto de brutalidad que descalabró el mito de que la Rusia Soviética era un “Estado de obreros y de campesinos”. Como consecuencia, una cantidad de comunistas del exterior cuestionaron su fe en un gobierno que podía tratar tan despiadadamente una auténtica protesta de masas. En este respecto, Kronstadt fue el prototipo de suce- sos posteriores que llevarían a los radicales desilusionados a romper con el movimiento y a buscar la pureza original de sus ideales. La liquidación de los kulaks, la Gran Purga, el pacto nazi-soviético, la denuncia de Stalin por Kruschev, produjeron un éxodo de miembros y simpatizantes del partido que se con- vencieron de que la revolución había sido traicionada. “Lo que cuenta en forma decisiva –escribió Louis Fisher en 1949– es el hecho mismo de que ocurriera un ‘Kronstadt’. Hasta que eso

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    sucedió, uno podía vacilar en el plano emocional, dudar inte- lectualmente o incluso rechazar del todo la causa en su propio espíritu, pero rehusarse, sin embargo, a atacarla. Yo no tuve nada como ‘Kronstadt’ durante muchos años.”2

    Otros encontraron su “Kronstadt” aun más tarde, en la sublevación húngara de 1956. En efecto, en Budapest, como en Kronstadt, los rebeldes trataron de transformar un régi- men autoritario y burocrático en una auténtica democracia socialista. Sin embargo, para los bolcheviques tal herejía cons- tituía una amenaza mayor que la oposición lisa y llana a los principios del socialismo. Hungría –y también Checoslova- quia en 1968– fue peligrosa no porque fuera contrarre- volucionaria, sino porque, como en el caso de Kronstadt, su concepción de la revolución y del socialismo divergía netamente de la que sostenía el liderazgo soviético; sin embar- go, Moscú, igual que en 1921, denunció el levantamiento como un complot contrarrevolucionario y procedió a reprimirlo. El aplastamiento de la rebelión de Budapest, observó un crítico de la política soviética, mostró una vez más que los comunis- tas no se detenían ante nada cuando se trataba de destruir a quienes desafiaban su autoridad.3

    Sin embargo, no hay que exagerar demasiado tales compa- raciones, pues acontecimientos separados por treinta y cinco años y ocurridos en diferentes países con participantes entera- mente distintos, no pueden ofrecer más que un parecido super- ficial. La Rusia Soviética no era, en 1921, el Leviatán de déca- das recientes. Era un Estado joven e inseguro, que se enfrentaba con una población rebelde en el interior y con implacables ene- migos externos que anhelaban ver a los bolcheviques desaloja- dos del poder. Y, hecho más importante aún, Kronstadt estaba en territorio ruso; lo que los bolcheviques enfrentaban era un amotinamiento en su propia armada, en el punto de vanguar- dia más estratégico, que vigilaba el acceso desde el exterior a Petrogrado, y temían que Kronstadt pudiera encender la chispa en el territorio continental ruso o transformarse en el trampo- lín para otra invasión antisoviética. Había pruebas crecientes de que los emigrados rusos estaban tratando de ayudar a la insurrección y de aprovecharla en beneficio propio. No se trata de que las actividades de los Blancos puedan excusar las atroci-

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    dades cometidas por los bolcheviques contra los marineros. Pero hacen más comprensible que el gobierno sintiera urgencia por aplastar la revuelta. En unas pocas semanas el hielo del golfo de Finlandia se fundiría, y podrían entonces embarcarse abas- tecimientos y refuerzos desde el oeste, para convertir la fortale- za en una base que permitiera una nueva intervención. Aparte de los motivos de propaganda, Lenin y Trotsky parecen haber- se sentido auténticamente preocupados por esta posibilidad.

    Lamentablemente, pocos historiadores occidentales han to- mado adecuadamente en cuenta estas preocupaciones. Y los au- tores soviéticos, por su parte, falsearon considerablemente a los hechos al tratar a los rebeldes como incautos o agentes de una conspiración Blanca. Este volumen trata de examinar la rebelión con una perspectiva más auténtica. Para realizarlo, es necesario ubicar a Kronstadt en un contexto más amplio de eventos políti- cos y sociales, pues la revuelta fue parte de una crisis mayor que caracterizó la transición del Comunismo de Guerra a la Nueva Política Económica, crisis que Lenin consideró como la más gra- ve que había enfrentado desde su llegada al poder. Es necesario, además, vincular el levantamiento con la larga tradición de rebe- lión espontánea que había en Kronstadt misma y en toda Rusia. Esperamos que tal enfoque arroje alguna luz interesante sobre las actitudes y conducta de los insurgentes.

    Aparte de esto, hay una cantidad de problemas específicos que requieren cuidadoso análisis. Entre los más importantes están la composición social de la flota, el rol desempeñado por el descontento nacional, la cuestión de la participación Blanca y la naturaleza de la ideología rebelde. Por supuesto, hay algu- nas de estas cuestiones a las que no podrán darse respuestas definitivas hasta que estén accesibles para su examen los archi- vos soviéticos pertinentes, hecho que probablemente no ocurra por algún tiempo. Entretanto, en este volumen tratamos de ofre- cer una exposición completa de la rebelión, en la medida en que lo permiten las fuentes disponibles. Hemos utilizado una cantidad de documentos pertinentes de los archivos occidenta- les, y también de materiales soviéticos publicados que se han descartado a menudo como mera propaganda pero que, si se los utiliza con el debido cuidado, son de auténtico valor porque esclarecen algunos de los problemas más significativ